¿Quién sabe qué es bueno? ¿Quién sabe qué es malo?
Una parte importante de nuestro tiempo la pasamos juzgando a los demás, sabedores de la versión que deben representar y que, por supuesto, no están expresando. Es una tendencia habitual. “¿Cómo puedo hacer que cambie(n) el(los) otro(s)? Todo ello nace, probablemente, de la creencia de que nuestra vida está impactada por lo “malo” que nos hacen, y que no depende para nada, o poco, de nosotros mismos.
Por: Liberto Pereda

¿Quién sabe qué es bueno? ¿Quién sabe qué es malo?
Detrás de la “sombra” hay un regalo. La sombra no deja de ser una proyección, que nace de nuestras creencias. Un aspecto que, en general, rechazamos. Lo que la convierte en sombra es la sobre utilización de nuestro talento, de nuestro regalo. No es tanto, así, algo que rechazar, sino algo que descubrir, aceptar y modular a través de la acción consciente. A través de la respuesta creativa.

Un liderazgo que para ser completo y estar en equilibrio, necesita ser desarrollado desde estas ocho claves:

  1. Visión, buscando liberar todo el potencial creativo, manteniendo la mente, el corazón y la voluntad, abiertos a todas las posibilidades.
  2. Presencia, para percibir, en todo momento, la condición presente, y apreciar todo lo que nos llega.
  3. Confianza, para explorar nuestros días siempre desde el “edge”, y poder así sentir la dirección que nos indica el corazón.
  4. Propósito, para mantener el rumbo necesitamos saber a dónde queremos ir, individual y colectivamente.
  5. Equilibrio, para asegurar que nos desarrollamos en todos los ámbitos y contextos de nuestra vida.
  6. Aprendizaje, estando atentos a los ciclos, a las causas y efectos, buscando en el ritmo natural nuestro crecimiento.
  7. Acción, a partir de estrategias simples y claras, reconociendo que disponemos de todos los recursos necesarios.
  8. Entusiasmo, asegurando que nos movemos en la vitalidad y en la integridad, que todas las voces son escuchadas.

Son ocho miradas distintas que abrazar al mismo tiempo. Con ello, descubriremos que nos convertimos en nuestro mejor yo para el mundo, dejando atrás definitivamente la obsesión de ser los mejores del mundo.

Fuente: liredazgo