EL TODO Y LA PARTE

Cuando los creadores de la actual Gestalt, describieron el concepto de «campo organismo ambiente» se anticiparon a lo que hoy es definido como los «Nuevos Paradigmas», particularmente los postulados de la Complejidad que vendrían a dar cuenta de las conexiones que existen entre objetos y fenómenos que se pensaban independientes. Nos dejaron ver que efectivamente somos parte de algo mayor, un campo que se autoregula, se autocrea, de adapta, aprende, se desarrolla… y en el que existen innumerables conexiones de todo con todo que, si bien por un lado nos ciñe al funcionamiento de la totalidad, nos permite completarlo a partir de nuestras acciones. La determinación de este campo surge de un movimiento de influencia recíproca entre la parte y el todo.
Usualmente los psicoterapeutas dejan fuera de su observación clínica toda clase de sucesos que no tengan que ver con síntomas o problemas. Esto no significa que no se presenten otros fenómenos que podrían ser objeto de estudio al menos por sus características peculiares. Por ejemplo cuando una madre dice que en el momento en que su hijo tuvo un accidente ella lo sintió… o que supo de alguna forma que, si seguía en dicha dirección, algo malo ocurriría. La psicoterapia no suele prestar atención a dicha información, lo usual es que todo esto se descarte, pues, ¿qué podemos decir de ello?


Los terapeutas de familias bien saben que es inconcebible mirar el síntoma de un niño sin mirar la TOTALIDAD o familia a la que el niño pertenece. Pues en la mayoría de los casos el síntoma del niño no es más que una concretización del síntoma familiar subyacente: «cada parte expresa al todo»

Lo cierto es que, cada vez más, nos damos cuenta de que nuestros actos tienen consecuencias a veces catastróficas, como lo postula Edward Lorenz en la Teoría del caos, dando el ejemplo del efecto mariposa, o el efecto dominó. Todo está enlazado con todo, pues todo es campo.


El pensamiento de ser parte de una unidad con «el todo» no es patrimonio de la Gestalt ni de la teoría del campo; ya las religiones lo postulan de una forma más o menos explicita. Ej.: «Dios es todo», «Dios está en todas partes» «El reino de los cielos esta dentro de tí».Si la totalidad está en nosotros, entonces hay una semejanza entre la parte y el todo, y el universo es autosemejante (como lo enuncia Mandelbrot en la Geometría Fractal). Un fractal es un objeto que, entre otras propiedades, posee autosemejanza, es decir que cualquier fragmento por mínimo que sea, posee una forma semejante a la del todo, o mejor dicho: no importa la escala (micro o macro) en la que se lo observe, se verá siempre un diseño similar. Esto tiene muchas consecuencias y muchas ramificaciones en las que no entraré ahora, baste pensar que eso «único» que creemos ser, se repite un sinnúmero de veces y guarda semejanza con los conjuntos mayores en los que estamos insertos.

¿Ahora, que sucede con el tiempo?
El paso del tiempo implica: por un lado, una memoria de todo lo ocurrido, pues los sistemas (humanos y biológicos en general) se modifican como consecuencia de enfrentar sus eventos. Entonces podemos decir que evolucionan a nivel del sistema, y en lo individual lo que aparece es aprendizaje y corrosión (pues los componentes individuales se degradan y deben ser reemplazados. Por lo tanto, para que un sistema (ej. familia) continúe, deben renovarse sus componentes pues éstos, individualmente, son corroídos y moldeados por el paso del tiempo, y, antes de ello, deben transmitir su información. Quizás esto explique el perentorio deseo de procrear y de que podamos transmitirles lo que aprendimos.


Si ampliamos la mirada dejando al sujeto aislado, podremos percibir la forma en que un campo evoluciona intentando subsistir. Como si fuera un organismo vivo, donde cada célula tiene funciones diversas. Llevado esto a integrantes de una familia, algunos toman unos lugares y otros toman otros, las funciones se diferencian y las responsabilidades se delimitan y van pasando de unos a otros para que las cosas sean resueltas llegando al punto de que algunos se sacrifiquen para la supervivencia del todo.

Pensarnos como una «parte» de algo mayor es sin duda conflictivo, porque supone dejar entre comillas nuestra supuesta «individualidad» o peor aún: nuestra libertad de elección, o “libre albedrío”. Significa agregar a esto que las elecciones que podemos hacer, bien podrían ser respuestas a las necesidades del Todo, y estar condicionadas por innumerables fuerzas que actúan o actuaron configurando sin que lo notemos nuestras decisiones.
Pero sucede que, aunque no miremos las innumerables conexiones conscientes, inconscientes, simbólicas biológicas o energéticas, que tenemos con ese campo del que formamos parte; aunque cuando miremos la propia historia lo hagamos con corto alcance, viendo solo lo «propio», aún así, es la historia del campo lo que importa y lo que da cuenta de la parte que nos toca. Es por la relación con otros que nuestra vida cobra sentido, volviendo al viejo postulado de la Gestalt «la parte solo tiene sentido cuando se la considera en su sitio dentro de la totalidad». Si cada parte pierde el valor, el significado y sus cualidades al ser retirada del todo y nosotros somos partes de un todo humano, entonces, nuestra existencia sólo tiene sentido si estamos insertos en el «todo», en la relación con los otros.

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Fuente: gestalt-blog

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