Entrena tu mente a cambiar.

Quiero compartir con vosotros un poco de sabiduría aprendida, en este caso de la psicóloga y terapeuta Marta Centellas, que a su vez aprendió de la cultura indígena mejicana entre otras fuentes. Y lo comparto ahora y no antes, por un motivo, en este tiempo he podido experimentar la aplicación de este conocimiento a mi vida diaria y ahora sé que tiene unos efectos palpables y visibles en mi mente y espero que en las vuestras.
El camino de entrenar la mente a través de la conciencia es tan antiguo como el pensamiento humano, y de eso se trata en ese caso, de vencer los automatismos mediante la atenta observación consciente de su existencia. Cuando somos conscientes de un automatismo mental deja de ser automático y pasa a ser modificable. Sin conciencia, somos esclavos de nuestro funcionamiento.
Os propongo un «plan en 7 días» de entrenamiento consciente. Se trata de poner nuestra atención en un aspecto de nuestro funcionamiento mental cada día de la semana. Con este ciclo vamos a entrenar nuevas maneras de pensar y comportarse conscientemente, vamos a conocernos mejor y , lo más importante, a adquirir flexibilidad y disciplina y a modificar nuestro cerebro.
Muchos se acercan al mundo del «crecimiento personal» esperando un milagro sin esfuerzo que les haga «crecer», y si bien es cierto que con ayuda y bien guiados las cosas van mucho más rápido y fácil ( a veces un simple ejercicio de PNL puede cambiar una manera de pensar sobre un problema en un instante y para siempre), la constancia y la disciplina son imprescindibles para mejorar día a día.
Os expongo el plan semanal de un vistazo y luego lo explico:
UN DÍA SIN:
LUNES: CRÍTICA / AUTOCRÍTICA
MARTES: JUICIO
MIERCOLES: JUSTIFICACIONES
JUEVES: AUTOREFLEXIÓN
VIERNES: NO PUEDO / ES IMPOSIBLE
SABADO: CONDENA
DOMINGO: QUEJA
Todos estos comportamientos los hacemos a diario y sin apenas conciencia de ello, la propuesta de hacer un día SIN un comportamiento, nos permite entrenar nuestro foco de atención hacia ese comportamiento y modificarlo. Este ciclo lo repetiremos indefinidamente e iremos notando los cambios progresivamente, como las tareas de un día contagian al siguiente hasta mezclarse toda la semana en una sola manera de funcionar distinta. Vamos a explicar uno por uno:
-LUNES: un día sin criticar a nadie ni a nada, ni a nosotros mismos. Con este ejercicio tomaremos conciencia de nuestro diálogo interno y externo y nos vamos a sorprender de lo críticos que llegamos a ser.
-MARTES: un día sin juzgar a nadie ni a nada, aceptar las cosas simplemente tal como son sin atribuirles valores positivos y negativos. Si estamos a 10 grados, son diez grados, no es una temperatura agradable o desagradable por si misma, eso es un juicio.
-MIERCOLES: un día sin justificaciones. Somos lo que somos, hacemos lo que hacemos y los demás también, no hace falta justificar todo continuamente, ni a los demás ni a nosotros mismos.
-JUEVES: un día sin autorreflexión, sin analizarnos, experimentar simplemente el hecho de ser, sin reflexionar sobre ello. Vivir en presente , con lo observable por los sentidos.
-VIERNES: un día sin decir, ni interna ni externamente » no puedo», «es imposible», «no saldrá bien»»es muy difícil» . Es sorprendente la cantidad de mensajes limitadores o negativos de soltamos cada día hacia los demás y hacia nosotros mismos.
-SÁBADO: un día sin condena, sin censurar a nada ni a nadie. Evitamos el juicio, pero nos centramos en no emitir condenas.
-DOMINGO: un día sin quejar-se, de nada ni de nadie. Mi preferido, por ser mayor reto de la semana está en domingo, cuando os sintáis valientes, pasadlo al lunes…
Como habréis notado los conceptos son muy parecidos, casi son matices de un mismo concepto global presente en muchas culturas y popularizado en occidente por el ZEN: la aceptación de las cosas tal y como son, y vivir en presente como camino hacia la paz interior. La mayor parte de nuestro diálogo interno que nos incomoda son juicios sobre como deberían ser las cosas.
Para cada persona, el significado atribuido a cada concepto será distinta y sobre que lo aplicará también, lo cual es perfectamente congruente, ya que su mente también es única y distinta de las demás.
Por supuesto que podemos cambiar el orden, la duración ( por ejemplo una semana entera sin quejarse…) o sustituir los conceptos por otros más adecuados para nosotros.
Yo lo tengo en un imán de la nevera para recordarme cada mañana el entrenamiento del día.
Es un camino largo de recorrer, con fracasos y retrocesos, momentos de abandono, momentos de entusiasmo…pero sea como sea que lo recorramos, va cambiando nuestras percepciones, va entrenando nuestra atención, ganamos agilidad en detectar nuestro pensamientos, y nuestra conciencia gana presencia en nuestra mente.
Al principio nos pasaremos en día «transgrediendo» el objetivo del día o olvidándonos de él, no importa mientras seamos todo lo conscientes que podamos de nuestro funcionamiento, los grandes cambios se inician con pequeños cambios. Con el tiempo nuestro tiempo de reacción se acorta y somos conscientes del pensamiento mucho antes, y con un poco más de constancia nuestra mente empieza a funcionar diferente, se crean nuevos circuitos neuronales a medida que se usan y refuerzan, que reconfiguran el funcionamiento neurológico de nuestro cerebro. Está demostrado que la meditación , por ejemplo, cambia física y funcionalmente nuestro cerebro:
Según como usas tu neurología, esta cambia y se capacita para nuevos usos, que a su vez la cambian, en un ciclo de cambio y remodelaje continuo. Si cambias tu pensamiento, esto cambia físicamente tu cerebro y esto permite que pienses cosas nuevas de manera distinta, que genera más cambios en tus conexiones neuronales. En la primera clase de piano, parece imposible que nuestro cerebro pueda tocar una pieza entera, pero así será si lo entrenamos. Parece imposible cambiar nuestra conciencia hasta que nos ponemos a hacerlo y los cambios suceden.
Si nuestra mente potencia la queja, la capacitaremos más y más para ser mejores quejosos, y daremos prioridad a nuestra manera de pensar en ese sentido, ganaremos agilidad y capacidad para detectar hechos sobre los que quejarse, entrenaremos nuestra atención a dedicarse a la tarea a fondo, etc. , así que cuidado con «como» usas tu cerebro, porque te cambiará, para bien o para mal. Cuanto más rígido sea el funcionamiento de tu mente, menos capacidad para el cambio tienes y más costará romper esta tendencia al inmovilismo, al menos al principio, pero al introducir un pequeño cambio, este propiciará el siguiente y así hasta amplificarse el proceso y liberarse de la coraza que impedía evolucionar.
Ya que este proceso natural ocurrirá de todos modos, mejor ser partícipe activo de ello y dirigirlo hacia ganar flexibilidad, adaptabilidad y tranquilidad ¿no os parece?
Además ser conscientes de cómo funciono en cada momento es una manera de anclarse al momento presente y salir de los pensamientos que nos llevan lejos de vivir el momento. Eso ayuda a vivir “momento a momento” como decimos en mindfulness.
Cuanto más flexible y rica le pidas a tu mente que sea, más lo será. En un efecto «bola de nieve» cada cambio generará más cambios. Así que si quieres una mente bien entrenada: medita, estudia, baila, aprende algo nuevo, dibuja, canta, memoriza, calcula, escribe, experimenta, habla con gente muy distinta a ti, ábrete a nuevos puntos de vista, prueba a ser consciente de más cosas, fórmate continuamente, acepta el cambio continuo fluyendo en él, pide ayuda cuando la necesites, vive cada día como si fueras un niño maravillado por cada pequeño descubrimiento, ríete siempre que puedas ( sobretodo de tí mismo) y disfruta de todo momento a momento.
Hay infinitas maneras de vivir y entender la vida, ¡usa tantas como puedas!
Pon tu manera de pensar al servicio de la vida, no la vida al servicio de una manera de pensar.
No pido “actos de fe”, probadlo, experimentadlo y si queréis compartir vuestras experiencias me encantará conocerlas.
Suerte.
Ocho semanas de meditación pueden cambiar el cerebro
Fuente de la imagen: archivo abc.
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