LA TERAPIA GESTALT

Este enfoque terapéutico creado por Fritz Perls sintetiza influencias del psicoanálisis, psicología de la forma, psicodrama, teatro, pensamiento existencialista, zen, etc.
Puede encuadrarse dentro de la Psicología Humanista (Tercera vía de la psicología), y comparte con este movimiento la visión esperanzada del ser humano que tiende a su atutorrealización, haciendo especial hincapié en el desarrollo del potencial del ser humano y poniendo el acento en reforzar las cualidades positivas de la persona.
Dice Francisco Peñarrubia:
«La Terapia Gestalt, más que una teoría de la psiquis, es un eficaz abordaje terapéutico y una filosofía de la vida que prima la conciencia (awareness, darse cuenta), la propia responsabilidad de los procesos en curso y la fe en la sabiduría intrínseca del organismo (la persona total que somos) para auto-regularse de forma adecuada con un medio cambiante.
Antepone la espontaneidad al control; la vivencia, a la evitación de lo molesto y doloroso; el sentir, a la racionalización; la comprensión global de los procesos, a la dicotomía de los aparentes opuestos… y requiere del terapeuta un uso de sí como instrumento (emocional, corporal, intelectual) que transmita una determinada actitud vital en vez de practicar únicamente una técnica útil contra la neurosis.»
Así la Terapia Gestalt se fundamenta en tres principios fundamentales:
  • Valoración de la actualidad temporal (el presente vs. el pasado o el futuro), espacial (lo presente vs. lo ausente) y sustancial (el acto vs. el símbolo).
  • Valoración de la atención y aceptación de la experiencia.
  • Valoración de la responsabilidad.
Erving y Miriam Polster añaden:
  • el terapeuta es su propio intrumento en la terapia.
  • y la terapia es demasiado beneficiosa para limitarla a los enfermos.

En relación al primer punto, en gestalt el terapeuta utiliza sus propios sentimientos y estados de ánimo como instrumentos terapeúticos, comprometiéndose plenamente con el principio de la actualidad espacial, el «aquí» de la relación.

En cuanto al segundo, limitar la terapia al enfermo, tanto el concepto de enfermo como el de curación resultan hoy día anacrónicos porque nadie es capaz de escapar a la contaminación psíquica del entorno, en mayor o menor medida, neuróticos somos todos.

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