LOS MIEDOS DEL PROFESORADO

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Estamos todos de acuerdo de que nuestros alumnos aprenden a pesar nuestro, aunque con ambientes agradables de convivencia y aprendizaje todo será más fácil.
Todos los que pertenecemos a la comunidad educativa queremos lo mismo, sin embargo tendríamos que preguntarnos por el porqué de tanto desgaste de energía. Para evitar esto tendríamos que:
• Ser más indulgentes con los demás viendo lo extraordinario de una acción.
• Evitar montarnos películas, suposiciones, derivados de nuestra percepción.
• Ser cuidadosos con el lenguaje y saberlo acompañar con el debido lenguaje corporal.
• Crear espacios y tiempos para tratarse que permitan una comunicación más cercana que vaya más allá de lo puntual. De esta forma evitaremos los vacíos cuando con tiempo coincidimos en un mismo lugar. Aun con todo, no hay obligación de ser amigos de nuestros colegas porque el ámbito en el que actuamos es el profesional no en el de nuestras amistades.
Los seres humanos tenemos miedo a la exclusión, a perder el amor y la amistad de los otros. Por esto, algunos maestros renuncian a la crítica en aras de la paz, bien por irenismo o por puro pasotismo. En ocasiones, estas actitudes esconden una herida anterior mal curada.
• Otro de los miedos del profesorado es el de la evaluación de nuestro propio quehacer. Nuestra objetividad, o la falta de ella, puede que nos descubra aspectos que no nos guste y sean difíciles de aceptar para después cambiar. Deberíamos evaluar tres aspectos:
• La actividades planteadas a nuestro alumnado.
• La propia práctica docente. Es el momento de mostrar nuestras debilidades y fortalezas. Convendría hacerlo al menos una vez al mes.
• Nuestros sentimientos y porqués durante nuestro trabajo.
Tendríamos que pasar de una evaluación informal del proceso de enseñanza a una evaluación formal, incluyendo los criterios que nos pueda ofrecer la legislación pero incluyendo también los órdenes del amor y de la ayuda. De vez en cuando sería conveniente que alguien externo al claustro actuara como mediador para llevar lo emocional.
Si anteriormente hemos mencionado que el “pasota” no colabora en el desarrollo de la escuela por su falta de crítica, a las personas llamadas críticas muchas veces no se les acepta porque obliga al resto a pensar y tomar decisiones. De todas formas, no hay que caer siempre en la crítica negativa, la positiva –menos corriente- también puede ser una herramienta de construcción. En este sentido, aquí también debe haber un equilibrio entre el dar y el tomar.
Notas tomadas por Enrique Pérez Reino

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