Pétalo 219 :) Para qué meter un tiburón

Los japoneses siempre han gustado de degustar pescado fresco. Pero pronto agotaron los bancos de peces cercanos a sus costas. Así que los barcos pesqueros crecieron y pudieron ir cada vez más lejos. Si el viaje tomaba varios días, el pescado ya no llegaba fresco de vuelta.
A los japoneses no les gusta el sabor del pescado cuando no llega casi vivo, les parecía que llegaba mareado o medio muerto. Para resolver este problema, las compañías pesqueras, instalaron congeladores en los barcos pesqueros para que así pudiera llegar en muchas mejores condiciones.
Sin embargo, el delicado paladar japonés percibía la diferencia entre el pescado congelado y el pescado fresco, están muy acostumbrados a tomar pescado del día. Así que las compañías instalaron tanques salinos en los barcos pesqueros. Podían pescar los peces, meterlos en los tanques y mantenerlos vivos hasta llegar a Japón.
Pero, después de un tiempo, los peces dejaban de moverse. Llegaban vivos, pero aburridos y cansados, sin brillo natural en sus ojos. Nuevamente, los japoneses también notaron la diferencia del sabor. Porque los peces fuera del océano se movían menos y perdían el sabor ‘fresco-fresco’.
La ingeniosa solución que encontraron fue muy original e innovadora, lástima que se aplique en muchas organizaciones actuales para mantener la motivación en los peces de colores.
Incorporaron un tiburón en sus tanques.
Así, los peces capturados mantenían toda su vitalidad y mantenían el sabor fresco al llegar a puerto, ya que precisaban mantenerse alerta para permanecer vivos, pinceladas de Darwin en estado puro.
Por supuesto que el tiburón se comía algunos peces sanos o quizá no tan sanos, era el coste de oportunidad que debían pagar, pero los demás seguían muy vivos.
El resto debían nadar continuamente durante todo el trayecto para mantener su existencia y por eso cuando llegaban a puerto estaban tan vivos y tan despiertos como cuando vivían en el mar.
L. Ron Hubbard lo descubrió a principios de los años 50 aplicado a los seres humanos en las organizaciones.
También las personas prosperan, extrañamente mucho más, sólo cuando hay desafíos en su entorno. Los retos agudizan el ingenio y nos transforman en más inteligentes, adaptables y competentes. Se díce que las lecciones más importantes en la vida suelen aprenderse en los momentos más difíciles.
A veces pagando un gran precio, en vuestras manos está saber si merece la pena o no.
Deseando leer vuestros comentarios sobre el tema 😉
Un abrazo. Mari Cruz
«El talento se educa en la calma,
el caracter en la tempestad».
Goethe

Fuente: Cruz Coaching

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