Te engañas a ti mismo?

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La figura del Coach en Política
¿Qué tienen en común el ex presidente de Alemania Christian Wulff, el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, el ex presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, o el ex presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero? Todos tuvieron poder y todos pasaron por el síndrome de Pinocho. Uno por corrupción y cohecho, dos por problemas de faldas, y el último por no asumir la situación de crisis a tiempo en el mismo instante que un país entero la estaba sufriendo día a día.

Cuando se tiene poder se convierte en una norma y no en una excepción, la perdida de la realidad que va siempre adherida a un cargo. <<El poder te ciega>> es independiente del poder que se ostenta y no es premeditado, simplemente es un mecanismo de defensa, una estrategia más de supervivencia asociada al autoengaño que nadie se libra de emplearlo en algún momento de su vida y que bien utilizado puede ayudar a superar momentos difíciles. Aunque si se emplea como norma en lugar de como excepción, puede volverse en contra de uno.
Muchas personas viven distorsionando la realidad para tapar su falta de capacidad de aceptar la frustración o enfrentarse a sus propias emociones. Y precisamente antes de que llegue este momento, que siempre llega, el estar acompañado de un profesional “independiente”, y de “confianza”, un Coach que presenta la realidad sin autoengaños, poniendo delante la conciencia, sin dejar que la racionalización haga estragos en las decisiones encontrando excusas convincentes para tapar los verdaderos motivos y aceptar las cosas tal y como son, es una opción que utilizan muy pocos dentro de la política y que está al alcance de todos.
En importante y necesario hacer una mirada al otro lado del Atlántico y sacar el mayor partido de las cosas que otros hacen bien y además les funciona, como es el caso de EE.UU. Allí el Coach acompaña al político en su día a día, mientras que en España aún seguimos con la creencia que hacer público que trabajamos con un coach es manifestar que se tiene una carencia y por consiguiente una debilidad. Creencia que limita mucho, tanto a los buenos profesionales para llegar al corazón de los partidos y núcleos de poder como a los personajes públicos para aprovechar los recursos que están a su alcance.
Y la realidad es que nuestros políticos están muy solos a pesar de todo el séquito que les acompañan, pues de una forma u otra están rodeados de gente que quieren algo de ellos y carecen del espacio, los momentos y el acompañamiento idóneo para reflexionar en voz alta, ponerse enfrente de un espejo (el Coach) y tomar decisiones adecuadas. Siendo en la mayoría de los casos cubierto por la persona que le acompaña desde los inicios de su carrera política y en muchas ocasiones con gran carencia y conocimiento especifico en el entrenamiento personal.
Un político no necesita gestionar su ego, ni sus miedos, ni sus habilidades, ni tener un desarrollo personal orientado a la mejora de sus acciones, ni tampoco una gran oratoria o una buena imagen, ni saber negociar y tener una gran empatía si antes no se enfrenta primero a su mayor rival: él mismo.
El autoengaño solo hace que les crezca la nariz…
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