Condenada

Condenada a cruzarme con gente que me molesta, condenada a la soledad, a la distancia, a la incomprensión. Condenada al tecno, al ruido, a las voces. Condenada a madrugar, a querer y no poder, a necesitar. Condenada al frío, al paso del tiempo y sus inclemencias, a la supervivencia. Condenada al miedo, el hastío, a las mentiras, al deseo, a la envidia, al destino, a los planes que se rompen y los que no se hacen, al tráfico, al abuso de poderes, al dolor, a la traición, a la tormenta y a la calma, a las críticas, a las prisas, al dinero, a la suerte y a la muerte. Condenada al cansancio y al descanso, a los vicios y prejuicios, al éxito y al fracaso, al amor y al desamor, a las ansias, a la tristeza, a la pena y la alegría. Condenada a tus ojos, al fuego y al infierno, a las ganas y desganas, condenada al tiempo. Al orgullo, al reencuentro, a la familia, al pueblo.

Condenada, muy a mi pesar, y feliz, al fin y al cabo. ¡Cómo somos las mujeres, que llevando el mundo por condena, con muy poco, con casi nada, nos sentimos como reinas!

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