EL TRAUMA

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Texto: Pilar Alberdi

«La familia, lo mismo enferma que sana» Bert Hellinger
«fui niño prisionero entre muros cambiantes» Luis Cernuda
«La materia —y, por lo tanto, también el cuerpo, sólo pueden servir de superficie de proyección de lo que ocurre en la mente, por lo tanto, lo que sea que fuere tiene que resolverse en la mente» T.Dihlefsen y R. Dahlke

Decía Peter A Lavine en su obra Curar el trauma que éste es fisiológico. Un día por algo que nos sucedió, nos quedamos paralizados… Ni luchamos en esa ocasión, ni huimos. Pero mientras que en esas mismas condiciones un animal se recupera, a las personas no les sucede lo mismo. Persiste el bloqueo en el tiempo.
Desde entonces sentimos activarse en ciertos momentos: ese dolor en medio del pecho, ese malestar en el estómago, esa irritación en la garganta que nos hace carraspear o toser, esa dermatitis enrojeciendo en un instante la piel de nuestro cuello… Al mismo tiempo tenemos dificultad para reconocer los patrones (actitudes, gestos, palabras, situaciones, tonos de voz…) que vuelven a activarnos ese malestar, haciendo que las sensaciones de inmovilización y angustia vuelven a repetirse una y otra vez.
Como terapeuta he constatado que muchas niñas maltratadas en la niñez y la adolescencia ya sea con abuso verbal y/o físico presentan distintos tipos de malestares en sus muñecas, la mayoría de las veces, tendinitis. Como si fueran unas manos cansadas de pedir ayuda o amor y que, exhaustas por las condiciones de sus circunstancia,s se rindiesen.
El rasgo característico del trauma es que se originó en el pasado, y algo lo reactiva en el presente. Sin la conciencia de que hay que desbloquear esa paralización, el trauma volverá a repetirse en el futuro. Cuando el dolor que le dio origen aparece en la consulta, una tiene la impresión de que el cliente está aquí y no está. Habla de eso que le ocurrió ayer o la semana pasada, esa humillación, ese disgusto, ese sentimiento de inferioridad o baja autoestima pero está en el pasado, con la mirada perdida en imágenes o voces lejanas. Todavía puede oír aquellas palabras, aquellos gritos, aquellas órdenes o imposiciones injustas, el maltrato sucesivo. Inmediatamente, aparece un llanto primario con ahogo y dificultad creciente para respirar. Después del desahogo, después de una pequeña recuperación, después de saber qué origen tienen todas esas sensaciones bloqueantes, y a continuación de que el cliente haya identificado el origen del trauma, entonces si todavía la mirada sigue flotando un poco más lejos, ya se le puede pedir que sostenga la mirada con la del terapeuta. Y, siempre lo hacen con gusto, más confiados, como si de repente estuvieran a salvo. Ahora sí, la persona está otra vez en presente, pero ya tiene identificado de dónde proviene el desamparo, ya sabe dónde está la raíz.
La comprobación de que en estos casos acercarse a los clientes para ayudarles a respirar mejor, indicándoles cómo, ofrecerles un simple pañuelo de papel donde recoger las lágrimas que en su día nadie recogió, así como tocarles, acariciarles la mano que generalmente es una mano inerte que difícilmente cogerá la nuestra, no por reiterado, dejará de asombrarme.
Ese pequeño milagro, el del consuelo de la mano amiga en el momento oportuno, el del testigo que ayuda a la búsqueda del origen de un dolor desgarrador, es capaz de devolver a una persona al presente y a su humanidad. «Desde ahora ya no será así, desde ahora comprendo…» dicen por las personas y las situaciones en que fueron maltratados y humillados, y están dispuestos a aprehender, a ser más positivos y asertivos, a mejorar sus reacciones para obtener una paz interior que tantas veces les fue negada.

Fuente: PSICOLOGÍA.

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