IR CRECIENDO

En esto de crecer, psicológicamente hablando, existe más que un simple dolor de huesos. De hecho es precisamente el dolor el que nos da la medida de los ‘centímetros aumentados’. Y es que pudiera parecer que no existe otra forma de hacerlo sin que tengamos que sufrir.

Muchas tradiciones filosóficas hablan de la inevitable presencia del sufrimiento en nuestras vidas. Sin embargo, en nuestra cultura, toda presencia de dolor es evitada a toda costa, no nos dejamos sentir la pérdida de un ser querido (cuando nos acompañan en el duelo todos los comentarios que nos llegan aluden a tirar para adelante y a pasar página, sin respetar nuestro derecho al llanto y al dolor sin regocijo), lo mismo ocurre con los conflictos familiares, en el trabajo… vivimos en un momento de competencia ‘desleal’ en el que priman los resultados, los logros y no lo aprendido y cuánto más humanos salimos de todos esos obstáculos.

Buda habla de la iluminación como ‘el cese del sufrimiento’, lograr desidentificarnos del ego, entendido éste como un espejismo del ‘yo’, de esa actividad incesante mental a la cual nos apegamos y que nos hace creer que somos quien en realidad no somos. Esa búsqueda del verdadero yo debe ser nuestro motor.

Así nuestro objetivo es deshacernos del sufrimiento, no como una forma hedonista de vivir la vida, sino como vía para alcanzar la consciencia (esa forma de vida que habita entre dos pensamientos y que nos permite alcanzar la paz interior).

El proceso es más largo de lo deseado, así que cuanto primero empecemos a librarnos de nuestras neurosis (miedos, fobias, adicciones, conflictos no resueltos, abandonos, ira, pereza,… y un largo etcétera…) más ligeros transitaremos los desiertos, los vacíos… y antes colmaremos nuestras expectativas de estar más conectados…

El viaje merece la pena!

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