JUNTOS POR EL ODIO HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

 

Yo lo amaba, o al menos creía amarlo, pero después de la boda, hace ya siete años, nada fue como yo lo esperaba, si, es vano vivir de ilusiones, como me dice mi psicoanalista, porque luego una pasa por la vida como una desilusionada crónica, lo sé.

Si no tuviéramos tantos ideales acerca de lo que es o no el amor, podríamos otro amor. Cada vez que él hacía algo diferente a mi ideal del amor, que seguramente no era otro que el que yo atribuía a mi madre, me sentía desamada.

Pasaron los años y yo fui envejeciendo prematuramente, las arrugas eran más profundas de lo necesario para rendir culto al tiempo, la amargura las ahondaba más y más, dejé de cuidarme, engordé, abandoné todas las relaciones que producían mi inteligencia, y por tanto, perdí mi inteligencia, me estupidicé irremediablemente y le hacía a él responsable de todas mis renuncias, le repetía sin cesar: lo he hecho por ti.

Me inmolaba aparentemente por él, pero era por mi idea de amor en realidad que lo hacía, lo más duro fue darme cuenta, gracias a una interpretación donde corresponde que se hagan estas cosas, en mi diván, que todos estos años estuve urdiendo mi secreta venganza: si él me había hecho renunciar a mi vida, yo ahora le ibaa dar a él una mujer vieja, gorda, fea, estúpida y me iba a hacer cargo de que esa mujer, que ya no era yo, porque me había quedado sin mi belleza, sin mi inteligencia y sin mi juventud, le acompañara todos los días de su vida, haciéndosela amarga, como yo pensaba que él me la había hecho a mí.

Hasta sentí una cierta alegría malsana cuando lo vi destruido, arruinado, triste, como un alma en pena: había consumado mi venganza.

Pero es una la que renuncia a su propia vida, aunque diga que fue el otro el que se lo pidió. Es una la que decide amordazar su deseo, para decir que es otro el que desea por mí.

Si de renunciar se trata, renuncio a la venganza, vuelvo a las relaciones con los libros y humanos que producían mi inteligencia, vuelvo a intentar sobreponerme al rechazo que mi cuerpo me produce para poder cuidarlo, a veces llego a pensar ¿quién puede querer cuidar un cuerpo de mujer? ¿y quién un cuerpo de mujer vieja?, vuelvo a sentir que puedo amar, además de odiar, un odio como un tibio veneno, que me he estado inoculando día tras día todos estos años, y que poco a poco, ha ido corroyendo mi corazón.

He ido por la vida como una suicida delirante, queriendo matar al otro que era parte de mí, queriendo matarme para matarlo a él. Venganza melancólica a la que hoy renuncio para atarme a la vida, a otras palabras, a otras cadenas de palabras, un camino hacia mi humanidad, hacia mi inteligencia, hacia mi belleza renovada, hacia mi tercera juventud.

Cuadro: Von Stuk. Salomé

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