Laberinto

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Nuestra vida se desarrolla dentro de un laberinto que recorremos sin saber de su existencia. Acostumbramos a perdernos por él y a volver a pasar por el mismo punto una y otra vez sin darnos cuenta de ello, porque no percibimos el laberinto cómo tal.
El laberinto sería una ilusión fenoménica que limita nuestra capacidad de urdir un plan para escapar de él.

Para guiarse con sensatez por la vida, sí que es cierto que debemos utilizar en un primer grado un raciocinio lo más estoico posible que nos distancie de las dificultades que entorpecen los mecanismos que deben guiarnos por desconocidos pasadizos y cámaras secretas.

Así exploraremos los límites de nuestra existencia y podremos señalar los problemas de forma objetiva para avanzar al encuentro de una solución a los mismos. Pero no podremos escapar nunca de las dificultades que constantemente hallaremos en el laberinto.

Para huir del laberinto es preciso saber permanecer quieto. Nosotros somos los arquitectos que a cada momento añadimos nuevos muros o repetitivos recodos oscuros que transitamos a ciegas. Y el laberinto deja de ser una sólida construcción mental cuando abandonamos toda búsqueda concreta. Cuando nos distanciamos de nosotros mismos para que las emociones, las ilusiones y los deseos no formen barricadas de confusión ante nosotros.

Para no encontrarnos atrapados en el interior del laberinto tenemos que ser capaces de ir modificando nuestra percepción del mundo sin el mundo. La razón nos guiará y con ella destruiremos al monstruo que habita en el laberinto, pero con la razón no podremos construir alas para escapar volando de tan compleja obra de ingeniería. Porque la razón también posee una limitación para alcanzar la verdadera comprensión de las cosas.

Cuando la mente detiene el flujo borroso de pensamientos inocuos, aparece una consciencia global que se funde con el constante cambio.

* Una mente racional delimita cualquier problema o conflicto y agiliza la toma de decisiones para realizar un planteamiento sobre qué camino conviene tomar para su resolución.

* Una mente entrenada en la meditación es una apertura a la percepción de todo aquello que no está limitado por el mundo fenoménico.

Ambas deberían ser una. Vela y llama. Música y vibración.

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