Pétalo 238 :) ¿De quién son esas huellas?

Hace algunos años no recuerdo dónde, ni cómo, ni cuándo me encontré charlando casi sin esperarlo con una una niña en un tren, si una niña que tendría unos seis años, con la cara plagada de pecas, muy blanca de piel con unos ojos chisporroteantes de curiosidad.
Lo cierto es que estuvimos charlando y me contó que de mayor quería ser profesora de niños pobres, y que por lo visto una noche tal como hoy según me díjo había soñado esta historia que os voy a relatar, o quizá no estaba soñando porque como era muy creativa quizá nació fruto de su imaginación, no lo se, da igual, el caso es que nadie la creía y como yo sí confiaba en ella me contó su sueño, el que ahora paso a relataros.
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El sueño que tenía todas las noches como esta, era un relato un tanto destartalado dado que como era una niña no podía ser de otro modo y por eso paso a relataroslo al completo para que me ayudéis a seguir la tradición, la de contar esta noche su sueño, ese sueño que desea no se pierda como las huellas que se dejan a la orilla del mar y se pierden pasados unos instantes.
Me contó que soñó con un hombre, si un hombre descalzo que iba caminando muy apesadumbrado por la playa, caminando quizá sin rumbo mientras iba dejando sus huellas sobre la arena mojada, lo único que recuerda es que no es capaz de recordar su rostro, es más da igual, caminaba este hombre por la orilla y antes de que pudiera dejar las nuevas pisadas las olas ya se habían llevado las anteriores.
En si no me parecía una historia como para contaros esta noche, aunque todo cambió cuando de repente en el cielo aparecieron unas escenas de su vida, tan sorprendido se quedó el hombre al ver esas escenas que no le quedó más remedio que deternerse a contemplar todas esas bonitas imágenes en las que se podían claramente ver situaciones cotidianas con su familia, amigos, y conocidos; en las que todos reían y se divertían; el hombre sonrió por unos instantes.
Pasados unos minutos dejaron de verse esas bellas imágenes entre las nubes que habían sido iluminadas por el sol al ocaso, y el hombre prosiguió su camino, la verdad es que no se sabe muy bien con qué destino, siguio haciendo el camino con sus huellas tras él, entretanto el sol terminaba casi por ocultarse en el horizonte cuando se paró por un momento a descansar apoyándose en una roca y al tiempo a beber un poco de agua fresca, para más tarde continuar.

Al parecer cuando estaba descansando aprovechó para reflexionar, y fué cuando giró su cabeza y entonces su mirada se centró en las huellas, si aquellas huellas, sus huellas que iban quedando marcadas en la arena mojada tras su caminar, y fué en ese preciso instante cuando sintió que muchas veces en los momentos más duros y dificiles durante su vida había habido sólo un par de huellas, y esto le molestó en gran medida, tanto que se preguntó alzando la voz porqué en los momentos felices siempre había estado acompañado y en los momentos complicados siempre había estado solo.

Andaba con estos pensamientos cuando sin saber como ocurrió aparecío la niña en la playa, si aquella niña que quería ser maestra y que me estaba relatando la historia, quizá salió de la roca, no lo se no acierto a comprender qué sentido tiene y cómo llegó allí, lo cierto es que el hombre se puso a hablar con ella.
Entonces le preguntó: ¿Sábes niña porque en los momentos felices siempre he estado acompañado y en los momentos complicados nunca fué así?
La niña al no saber la respuesta negó con la cabeza y se acercó a una caracola que había en la orilla de la playa, la recogió y se la dió al hombre y le recomendó que le preguntara ya que ella no sabía la respuesta, y quizá la caracola encontrada en la orilla pudiera darle la pista.
El hombre la tomó en sus manos, era una caracola grande tan grande que por eso tuvo que emplear ambas manos, y cuando volvió a mirar la niña para darle las gracias ya había desaparecido, quizá había vuelto al tren conmigo, bueno no se, sigo.
Como el hombre seguía con este pensamiento ruidoso en su cabeza acerca de porqué no había sido acompañado en los momentos difíciles por los que había pasado durante su vida, pensó que ya continuaría más tarde su trayecto que era momento de saber porqué había estado solo.
De este modo acercó la caracola a su cara y díjo con un cierto tono enfadado y quizá alzando un poco la voz: «No me dijiste que nunca me abandonarías, incluso en los momentos más duros y difíciles; y que una vez que decidiera caminar contigo toda la distancia siempre estarías ahí, y he notado que en los momentos difíciles de mi vida sólo había un par de huellas, si estaba solo, puedes decirme ¿porqué estuve solo? no ví tus huellas.
Mientras el sol se ocultaba por las montañas dejando la playa apenas sin luz, al hombre se le cayó la caracola de las manos por el peso, y las nubes comenzaron a moverse para formar una mayor aún formando un círculo en el que se veía en cierto modo luz en su interior , fué entonces cuando el hombre miró al cielo y pudo escuchar claramente no se sabe muy bien desde dónde si que surgió la voz, y que claramente escuchó: » Yo te amo y nunca te he abandonado, incluso en los momentos más dificiles y duros de tu vida he estado ahí, de hecho cuanto tú sólo veías un par de huellas era entonces cuando más lo necesitabas si, y era precisamente cuando en mis brazos te llevaba».
Pasados estos instantes, el cielo volvió al estado de cualquier anochecer en la costa, el hombre recogió su caracola, y prosiguió su camino por la orilla del mar dejando sus huellas tras él.
Un abrazo.
Mari Cruz

Fuente: Cruz Coaching

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