Sobre la mentira

La mentira quizá tenga patas cortas… pero su patada puede ser mortal…


La mentira es un “virus” que contamina nuestro sistema lógico-cognitivo, debilita la confianza en el propio criterio pudiendo llegar a lesionar nuestras capacidades para lidiar con la realidad.

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Desde pequeños vamos aprendiendo a conocer y a interpretar el mundo que nos rodea a través de las descripciones que los adultos nos ofrecen, y, también a través de la propia experiencia del peligro. Construimos así un “mapa” mental al que llamamos “realidad” con los detalles del mundo conocido.
El niño no evalúa el contenido del mensaje de un adulto, lo que le importa es la alianza con ese adulto que lo cuide, eso es lo que garantiza su supervivencia. No intentará corroborar o refutar la veracidad de los mensajes, ya que, como dije, lo prioritario es garantizar el vínculo. Es por eso que los niños observan lealtad ciega hacia los adultos de su familia, pues lo importante es la pertenencia a un clan. Mas creen en lo que les dicen cuanto más próximo afectivamente sea el adulto.
Otro componente que valida una percepción es el dolor. Las sensaciones dolorosas disparan la alarma del instinto de auto conservación al detectar algo como amenaza, por lo tanto creemos en ellas. El miedo y en último término el placer también ordenan y clasifican la experiencia. Así amor, miedo, dolor y placer son los cuatro compartimentos en los que se van agrupando las experiencias del mundo. El valor de verdad – falsedad está desde el inicio de la vida relativizado, al contexto de la auto-conservación sea a través del afecto (nutrición y protección) del miedo o de la amenaza y el dolor. Es por eso que la opinión del adulto querido, sea o no exacta, será la visión del mundo que, siendo niños, tomaremos como válida u la cartografía que nos guíe hacia el mundo adulto.
A medida que crecemos, una parte de lo aprendido seguirá allí sin mucha modificación; y algunas de aquellas descripciones se enriquecerán con la propia percepción, o serán adaptadas a la nueva visión del mundo. Otros datos son descartados y reemplazados por nuevas interpretaciones que sean más eficientes para nuestra vida. En ese proceso de “ajuste” los contenidos que hayan llegado de alguien muy querido serán más difíciles de remover cuanto más intenso sea el lazo afectivo con la persona que nos dio ese conocimiento.

Nuestras capacidades, en términos generales dependen de qué tan clara y detallada sea la cartografía que nos guía en este mundo.Las personas exitosas pueden captar aristas de la realidad que no son visibles para todos y así aprovechar mejor sus oportunidades y protegerse mejor de las contingencias.. Sólo conociendo la realidad es que podemos influir sobre ella. El poder que cada uno tiene proviene de allí mismo: de su percepción del mundo.

Cada mapa es único, cada realidad es única, y la experiencia del mundo será diferente para cada persona, según el ambiente en que haya crecido y la información que se le haya proporcionado. Las verdades son relativas (al contexto, al punto de vista, el momento en que se enuncian, etc.) pues la relación que existe entre palabras y realidades es laxa y de ninguna forma es forzosa. Es decir que alguien puede describir una realidad de formas diferentes sin mentir, pero también puede mentir, o sea que puede decir que existe algo que no existe o viceversa o alterar la realidad a su conveniencia. Cuando alguien nos da un mapa falso podemos perder mucho tiempo y nunca llegar al destino deseado.
Pero: ¿qué es lo que creeremos los adultos?
Los adultos, aún desarrollando nuestro propio criterio de verdad y de falsedad, conservamos algunos rasgos del estilo infantil. Por ejemplo al asimilar conocimientos tendemos a priorizar la información que proviene de personas que amamos o que respetamos por su conocimiento, por su honestidad, por lo que las reconocen otras personas, o por la inteligencia que les atribuimos y también por el parecido que muestran con nuestra propia opinión..
Esto puede hacer que, cuando alguien que amamos nos da una información que contradice el conocimiento que tenemos, descartemos lo que sabemos y tomemos lo que viene del otro. Nuevamente, el amor hace que pasemos por alto ciertos controles de la información y validemos la opinión sin someterla a un análisis de veracidad.
A veces no hay mayores problemas con esto, pero, algunas personas pueden aprovecharse de esta «credulidad» que provoca el amor. Pueden hacernos creer que dijimos algo que en verdad no dijimos, y, como la memoria no es exacta, entramos en duda y eso nos debilita. Pueden llegar a negar lo que está a la vista con tal convicción que podemos creer que vimos mal: “No es lo que vos crees” es una frase típica que hace que anulemos las percepciones adecuadas para tomar lo que nos dicen.
La paradoja es también una forma de debilitamiento. Pueden decir que lo que hacen es porque el otro lo necesita, o lo quiere. Se colocan en un lugar de saber mejor que uno mismo lo que uno necesita.

Pueden maltratar al otro y decirle (al mismo tiempo) que lo aman, dando así un mensaje paradojal que crea un laberinto, para la razón: confunde y debilita. A veces hábilmente nos muestran que hay errores en lo que percibimos. Al principio puede que ayuden a corregir. Así se van ganando la confianza. Luego, al demostrarnos nuestros errores una y otra vez, agregando errores que no son tales, mostrando cuan ineptos somos y cuan equivocados sobre la vida estamos, poco a poco, se va minando la confianza en el propio criterio, y va creando una dependencia en la que necesitamos preguntar “como son las cosas”.
La memoria no necesita ser cien por ciento verdadera sino que precisa ser coherente para nosotros. Así funciona. Quiere decir que la mente suprime las incoherencias, completa los huecos. No es posible tener un recuerdo que diga que yo estuve en dos lugares al mismo tiempo, así que la mente lo resuelve de alguna forma, y es suprimiendo una de las aseveraciones o modificando la información que tiene para que todo encaje.
Si la persona que está a mi lado me muestra que yo entendí todo mal, posiblemente voy a descartar mis conocimientos previos para priorizar los nuevos que el otro me dé, así mi «mapa» se llena de tachaduras y de agujeros, y deja de ser confiable.
Cuando Tomamos una decisión la hacemos siempre basándonos en nuestra experiencia del mundo, en nuestras memorias que, articuladas unas con otras, conforman la versión que cada uno tiene de la realidad. En ese mapa todos los elementos están conectados, o sea que cuando se cambia algo puede que afecte toda una zona de la realidad o su estructura misma..
Cuando alguien nos miente crea una incoherencia entre lo que nos dice y la realidad. Esta discordancia entre sabido y escuchado mina la confianza en el propio criterio de realidad. Como un virus de computación, no parece dañino y así logra entrar a nuestro sistema, y luego, como en una computadora se replica silenciosamente y va socavando la integridad y la coherencia mental. La mentira describe una falsa realidad, en la cual parte de nuestros conocimientos comenzarán a apoyarse y la estructura total se torna endeble.
Exponerse de manera sistemática y prolongada a mentiras es como ir insertando ladrillos de aire en los cimientos de nuestra estructura cognitiva. Cada percepción desmentida por esa persona es una certeza que se nos quita, una tachadura, un hueco que se agrega a nuestro mapa del mundo. Al perder la confianza en esos conocimientos volvemos a un lugar infantil en el que precisamos que alguien describa el mundo para nosotros, básicamente nos diga qué hacer. El mentiroso aprovecha esa característica, y continúa montando información falsa para su provecho.
Cuando lo que percibimos deja de estar claro necesitaremos permanentemente alguien que decodifique el mundo para nosotros. Nos volveremos dependientes, inseguros, incapaces de confrontar a alguien que nos está engañando y esa persona gana poder y autoridad.

“No ha de olvidarse que la verdad no es nunca lo que vemos, Sino, precisamente, lo que no vemos”
José Ortega y Gasset.
Es difícil reconstruir una estructura cuyos cimientos han sido carcomidos. Puede llevarnos mucho tiempo recuperar la confianza en la propia percepción, y así la independencia.

A veces, a causa de la necesidad de estar acompañados o simplemente de creer en algo, aceptamos relaciones que van en desmedro de nuestro propio mundo, del orden interno que hemos conquistado. Si bien es importante estar acompañados, no es bueno hacerlo a cualquier precio, por ejemplo en desmedro de uno mismo. El estar con alguien debería ser algo que sume, (confianza, conocimiento, felicidad) y no que reste. Las personas que mienten tienden a aislarnos de amigos y familia para que los validemos a ellos. Nuestra necesidad de creerles puede hacer que dejemos de hablar de nosotros para que nadie nos muestre la realidad que no vemos y así seguir junto a esas personas. Cuando la «verdad» que una persona nos quiere mostrar se opone a lo que sabemos y nuestros referentes afectivos nos dicen que algo no les cierra, deberíamos comenzar a filtrar esa información y analizarla de la forma mas exhaustiva posible.


La realidad que vivimos puede ser muy limitante, dolorosa, frustrante, y necesitamos creer en algo o en alguien, entonces «creemos a cualquier precio», por más que haya incoherencias en el mensaje que nos dan, las pasamos por alto auqnue nos demos cuenta de que nos mintieron, reconocer que hemos sido manipulados es dificil y hace que neguemos esa realidad y creamos «contra viento y marea».

Nunca descreas de tu propia percepción, no importa que te digan que lo que viste no es lo que viste. Confía en tus propios ojos. Quien miente en pequeñas cosas miente también en cosas importantes. Priorizar lo que dice otro desmintiendo la propia percepción inicia un proceso que luego es difícil de reparar, minará tu confianza en tu propio criterio y por lo tanto en los demás; te irá aislando de muchas personas para dejarte en un estado de profunda impotencia y vulnerabilidad.

Fuente: gestalt-blog

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