Textos sobre el desamor (2ª parte)

Pasaron las semanas. Llegó el primer mes, segundo mes, y con ellos pasó el primer dolor fuerte, ése con el que creíste que no podrías soportarlo más.
Del shock de no poder creer que tu historia con él/ella no pasara ni la primera dificultad, pasaste a la rabia. Gracias a la rabia te alejaste de esta persona, de la situación, y pudiste comenzar a llorar su ausencia, y más que eso, llorar la idea que lo que no podría ser, que fuérais algo juntos, quizá pareja en un futuro. Un montón de lágrimas, dolor físico, muscular, cansancio y sensación de no poder controlar esta emoción.
Mucha tristeza, mucha. De la verdadera, que es la que sobreviene cuando algo importante para uno desaparece…..Y de la fabricada en casa, que es la que sobreviene cuando nos dedicamos a pensar lo desgraciados que somos, la mala pata que tenemos, etc.
Ahora llegas a otro punto. Lloras menos, la tristeza sólo aparece unas pocas veces por día, y no te desmontas cuando llega. Tu mejor amigo sigue pendiente de ti, pero ya no es necesario que haga guardia de 24 horas. Se te ve mejor. Te luce un poco más el aspecto, incluso.
Hasta te apetece hacer cosas nuevas, o retomar las que abandonaste a causa del tropezón de hace meses.
Ya tienes delante de ti la puerta al jardín, entreabierta. Pero aún te sientes abrigado y cómodo donde estás, te sientes seguro así. Con tu poquito de tristeza, (que es tolerable), también con las pequeñas alegrías del día: ver a los niños jugar en el parque. Tu trabajo va bien, el desayuno está tan rico, quedas con los buenos amigos de siempre…
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Así que ahora llega, sin que se lo hayas pedido, la vida a decirte que sigas y cambies de lugar. Que ya puedes ir saliendo al mundo… pero te diste un bofetón tan gordo la última vez que, por mucho que te atrae esa puerta del jardín… te quedas en el sitio.
Tienes miedo de que la historia se repita y vuelva a dolerte tanto, a hacerte daño y hacérselo al otro. Te quedas en el sitio, no te mueves. Es desagradable, porque igual que no quieres moverte, tienes miedo de quedarte quieta/o para siempre.
Pides que la primavera te espere, te guarde un pedazo de jardín, porque aún necesitas un ratito más en tu sillón.

Fuente: Gestalt y Vida

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