El Lobo Estepario ¿qué son los estados? ¿y los recursos?

825fac238ddd84ccea0d471a50dbd3f8
Herman Hesse, a lo largo de 5 páginas de su extraordinario libro «EL Lobo Estepario» explica con sensibilidad y clarividencia en qué consiste la capacidad del ser humano de vivir en distintos estados y por qué es posible estar en un estado de óptimo o escaso de recursos, cuestiones sobre las que el coaching basa sus resultados. He aquí una selección de párrafos… ¿te apetece saborearlos?:
El hombre no posee muy desarrollada su capacidad de pensar, y hasta el más espiritual y cultivado mira al mundo y a sí mismo siempre a través del lente de fórmulas muy ingenuas, simplificadas y engañosas -¡especialmente a sí mismos!-. Pues, a lo que parece, es una necesidad innata fatal en todos los hombres representarse cada uno su yo como una unidad.
Pero en realidad ningún yo, ni siquiera el más ingenuo, es una unidad, sino un mundo altamente multiforme, un pequeño cielo de estrellas, un caos de formas, de gradaciones y de estados, de herencias y de posibilidades.
La ilusión descansa en una sencilla traslación. Como cuerpo, cada hombre es uno; como alma jamás.
Quien quiera llegar a conocer esto ha de decidirse a considerar a las figuras de una poesía así no como seres singulares, sino como partes o lados o aspectos diferentes de una unidad superior (sea el alma del poeta).
Cuando Fausto dice aquella sentencia tan famosa entre los maestros de escuela y admirada con tanto horror por el filisteo: “Hay viviendo dos almas en mi pecho”, entonces se olvidas de Mefistófeles y de una multitud entera de otras almas, que lleva igualmente en su pecho. También nuestro lobo estepario cree firmemente llevar dentro de su pecho dos almas (lobo y hombre), y por ello se siente ya fuertemente oprimido. Y es que, claro, el pecho, el cuerpo no es nunca más que uno; pero las almas que viven dentro no son dos, ni cinco, sino innumerables; el hombre es una cebolla de cien telas, un tejido compuesto de muchos hilos.
Como todos los hombres, cree también Harry que sabe muy bien lo que es el ser humano y, sin embargo, no lo sabe en absoluto, aun cuando lo sospecha con alguna frecuencia en sueños y en otros estados de conciencia difíciles de comprobar. ¡Si no olvidara esas sospechas! ¡Si al menos se las asimilara en todo lo posible! El hombre no es de ninguna manera un producto firme y duradero (éste fue, a pesar de los presentimientos contrapuestos de sus sabios, el ideal de la Antigüedad), es más bien un ensayo y una transición; no es otra cosa sino el puente estrecho y peligroso entre la naturaleza y el espíritu. Hacia el espíritu, hacia Dios lo impulsa la determinación más íntima; hacia la naturaleza, en retorno a la madre, lo atrae el más íntimo deseo: entre ambos poderes vacila su vida temblando de miedo.
Que el hombre no es algo creado ya, sino una exigencia del espíritu… ir buscando eternamente mutaciones al yo, conduce a la inmortalidad.
Imagínese un jardín con cien clases de árboles, con mil variedades de flores, con cien especies de frutas y otros tantos géneros de hierbas. Pues bien: si el jardinero de este jardín no conoce otra diferenciación botánica que lo “comestible” y la “mala hierba”, entonces no sabrá qué hacer con nueve décimas partes de su jardín, arrancará las flores más encantadoras, talará los árboles más nobles, o los odiará y mirará con malos ojos. Así hace el Lobo estepario con las mil flores de su alma. Lo que no cabe en las casillas de “hombre” o de “lobo”, no lo mira siquiera. ¡Y qué de cosas no clasifica como “hombre”! Todo lo cobarde, todo lo simio, todo lo estúpido y minúsculo, como no sea muy directamente lobuno, lo cuenta del lado del “hombre”, así como atribuye al lobo todo lo fuerte y noble sólo porque aún no consiguiera dominarlo.
El Lobo Estepario
Herman Hesse
Scroll al inicio