¿Por qué nos exigimos ser perfectos?

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Día tras día, me encuentro con clientes que me hablan del mismo problema. El querer hacer todo bien, el querer que todo sea perfecto, el querer tomar «la decisión» perfecta….

Así, con ese deseo o necesidad en sus mentes, se hayan atrapados en un bucle interminable, que les hace tener miedo a cometer un error, y por no cometer un error, se privan de aprender.
Sabiendo que este miedo al fracaso, sabiendo que este miedo al error nos paraliza, ¿por qué aún nos seguimos autoexigiendo ser perfectos?
¿Qué te parece enfocarlo desde el lado de los «metaprogramas»?

¿Crees que tienes que cumplir un estandar?
¿Crees que tienes que ser tan bueno como…?
¿Crees que tienes que cumplir las expectativas da alguien?
¿Crees que los demás tienen que aprobar tu trabajo?
¿Necesitas que te digan que está bien para sentirte satisfecho?
¿Aunque te digan que está bien, no lo consideras así?

A veces, creemos que tenemos que cumplir un «estandard», creemos que no ser como nuestra madre, o hermana, o como nuestro padre, es no ser bueno. Creemos que tenemos que llegar a satisfacer las expectativas de los demás.
En relación a esto, las personas tenemos dos «metaprogramas» eso quiere decir, que funcionamos en dos programas distintos. El diferenciador y el igualador.
El diferenciador: Está es la persona que le llegás con un 9.75 y en lugar de felicitarte por tan estupenda nota, lo primero que te dice es: ¿Qué fallo? ¿En qué te equivocaste? Con lo cual, si hubieran sido 100 preguntas, el que hubieras respondido bien 97 preguntas y media, ha dejado de tener mérito, para solo resaltar el fallo, el error, la equivocación o falta.
El igualador: Y están las personas que no se enfocan en lo malo, sino en lo positivo, en el conjunto, en el resultado global y son aquellas que te dicen: ¡Te felicito! ¿Estás contenta? Me alegra que estés satisfecha con tu resultado.
Un padre, una madre, nuestra pareja, también son personas. Y también funcionan con metaprogramas. También son diferenciadores o igualadores. Si llevamos mucho tiempo con una persona diferenciadora, sentiremos que no llegamos nunca… Y si durante nuestra infancia tuvimos un padre o madre diferenciador, es normal que tengamos la sensación de no alcanzar nunca a satisfacer sus espectativas. Sobre todo, si nosotros, funcionamos en el meta programa de marco externo.
El metaprograma de Marco Interno, dice que una persona, para saber si ha hecho una cosa bien, necesita aprobarse a si mismo, necesita saber que puso su esfuerzo, que le dedicó el tiempo que quería y que ese proyecto necesitaba. Se aprueba, a través de sus propias consideraciones.
En cambio, una persona que funciona con el metaprograma de Marco Externo, no estará satisfecha de su resultado hasta que no consiga la aprobación o el reconocimiento externo.
Estos dos metaprogramas, (diferenciador/igualador) (marco interno/externo) son esenciales para trabajar con el perfeccionismo. Conocer si estamos o hemos estado influenciados por una persona diferenciadora, nos quita un peso de encima, nos ayuda a autoconocernos mejor y a aprobarnos a nosotros mismos, a decirnos: No, yo no era mala, yo no era la que no llegaba, sino que esa persona es una diferenciadora, y no es capaz de reconocer y ver lo que he hecho bien. Y el reconocernos como de marco externo, nos ayuda a ponerle fin a ese metaprograma.
Trabajando en fijar como objetivo concreto el aceptarme como soy, aceptar que tengo permiso para cometer errores, aceptar que cometer un error no es cometer un delito, aceptar que sin equivocarme me condeno a no seguir creciendo, aceptar que los errores dan paso a aprendizajes necesarios en nuestra vida, aceptar que quien nunca se equivoca, es porque nunca hace nada….. Aceptar que no necesito del reconocimiento de nadie, más que de mi yo interno. Si estoy en paz con mi vocecita interna, en que me he esforzado, en que me estoy esforzando, en que estoy dando lo mejor de mi, en que NO TENGO que ser perfecta, en que NO HAY NADIE PERFECTO, en que la perfección es dolorosa para quien la persigue…. entonces…. puedo pasar a dar esos pequeños pasos.
La única manera que podemos superar el miedo a cometer un error, es mirándolo a los ojos. Enfrentando aquello que nos atemoriza y asumiendo qué es lo peor que podría pasar.



El perfeccionismo duele en quien lo padece y en quienes están a su lado. Si no quieres hacerlo por ti, siempre puedes mejorar por los demás. 🙂

Viki Morandeira
Tu Coach Personal
www.coachingparaprotagonistas.com
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